Con templada caligrafía rubrica Sorkin su tercer episodio de The Newsroom. Aquí se vuelca en el apartado informativo, comunicativo. Se centra en proteger la profesión y la veracidad de los profesionales que se dedican a la "verdad".
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Mientras tanto, las noticias siguen un curso frenético, siendo principal protagonista del capítulo. Las elecciones se acercan y la preocupación política aumenta, reflejando los intereses personales de cada miembro de la plantilla en la redacción. Y aquí es donde peca, en mi opinión, el fundamento de la serie. Se muestran los bandos, buenos y malos, como siempre. Obvios y malintencionados los malos, valientes y perdedores los buenos, polarizando nuestra opinión sin engranajes que aporten matices. La posición del protagonista ha de ser una que valga para todos pero que asombre con la ruptura entre los polos, y así es, como el tren que se ve venir en la lejanía: ruge rápido pero se oye con antelación.
La información sigue fluyendo al más puro estilo americano (estadounidense), con datos y números, gráficos y nombres que ninguno recordaremos pero que apabullan al más "pintao". Significan poco, pero entre el bullicio nos convencen y salimos airados con, al menos, haber leído todos los subtítulos sin pulsar el "pause".
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Nuestra apuesta es, como siempre, por los buenos. Pero no tengo muy claro quién es el bueno, o si realmente hay algún bueno. Algunos personajes se quedan en el plano firme de la interpretación básica y funcional, mientras que en otros se aprecia, y se exige, algún cariz propio del actor o de la actriz.
Sloan vuelve a aparecer, pero estamos deseando verla en acción.
Esperemos que el debate no sea tan moral y más propio de la intriga y el humor. ¿Estás de acuerdo?
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